La no moda por Joaquín Santaella

Querida María: mucho me honra tu pedido de colaboración después de tanto tiempo sin saber de ti, y sin embargo debo reconocer que a la vez me pone en aprieto parecido al que reconoció sentir Lope de Vega cuando aquel famoso soneto le fue encargado por doña Violante. Porque, yo, si te digo la verdad, de moda sé bien poco, que es como decir que le hago poco caso. De otro modo resuelvo el asunto de mi vestimenta. En parte por mi relajada forma de ser, en parte por vivir donde vivo, puede decirse que me pongo cualquier cosa para salir a la calle. Por mí, iría todo el año en pijama, la prenda más cómoda que he conocido nunca. Y también la más bonita. De rayas, de cuadros, de seda o de popelín, pero pijama. Es holgada; es suave al tacto; no importa que se arrugue; puede ser tan elegante que hay culturas donde se luce hasta de gala, y cuenta con el plus de que su camisa está llena de bolsillos, elemento imprescindible para quienes, como algunos hombres, nos resistimos a llevar bolso. Si echases un vistazo a mi vestidor, hoy llamado closet por quienes en España hablan a la última, verías una colección de pijamas hasta en número de cincuenta, muchos de ellos adquiridos en tiendas de barrio de esas donde hay un poco de todo, pero muchos otros, lo confieso, de marca. Lo que oyes. Es una excepción, la de la marca, que hago con la ropa de dormir. Ya de niño me resistía a vestir ciertos niquis, que, gustándome muchísimo por su tacto suave, exhibían en la pechera un emblema, y no porque se tratase de un cocodrilo que pudiese dar bocados, no, sino por considerarlo adorno completamente ajeno a la necesidad del vestir.

Es triste admitirlo. Pero, muchos años después de aquel brote de rebeldía, no tengo a mano un mejor recurso de protesta que sucumbir a la comodidad, ni prenda más cómoda que un pijama. Tanto, que en realidad me bastaría con echarme un abrigo encima de él para salir a la calle cuando hiciera frío. Sin embargo, como entiendo que en todo ha de haber un punto de decencia, y más tratándose de presentarse ante los demás, con mayor obligación que devoción me veo cada equis tiempo en las tiendas de caballero para proveerme de camisas y pantalones, todo ello, a ser posible, de ‘marca blanca’ y preferentemente acompañado por señora. No sé qué pasa, que la diferencia entre ir yo solo, y hacerlo en compañía femenina, se traduce en un notable ahorro de tiempo, energía y hasta dinero. Diríase que ellas van a tiro hecho. Dan con la talla; dan con la clave de la famosa relación calidad-precio; dan, cómo no, con el color que favorece. Colores secos, colores apagados, colores campo, y de ahí no me saques. Eso, digamos de diario. Porque el día que quiero o debo ir en plan señorón, fácil lo tengo: me basta entonces con sacar del armario trajes y abrigos heredados de mi difunto padre, que me quedan como un guante, y a correr como quien dice. Nunca falla. Nunca ha de fallar lo que, hace cincuenta o sesenta años, se hizo por manos de sastre con tanta dedicación y tanto esmero, que así han llegado al día de hoy en estado de revista.

Para mí, la moda es, pues, una especie de no moda dignamente conservada y consistente en dejarme llevar por lo que hay a mano, donde todo valdría menos la ostentación. Cuentan en casa que un día estaba mi abuelo en un cocktail y una señora amiga suya se le acercó a saludar, diciendo:

            “¡Ay, Alberto, que corbata tan ideal, es que es de llamar la atención!”

            “¿Ah, sí?”, le contestó, socarrón, “pues ya no me la vuelvo a poner”,
y por lo visto aquella anécdota se me quedó grabada hasta el día de hoy.

            Un abrazo te mando, querida amiga y compañera, desde este sur del Sur,
y no dejes de avisar si vienes por aquí.

Joaquín Santaella

Joaquín Fernández de Santaella Martín-Artajo, vasco-andaluz nacido en Madrid en 1955 y periodista por la Universidad Complutense, fue corresponsal de la Agencia EFE en Brasil y subdirector del suplemento dominical del diario ABC de Madrid, así como becado en Estados Unidos por la Fundación Marshall. Es autor de los libros “Vino Torcido” (editorial Edinexus y editorial Páramo, 8 ediciones), “The Spanish House” (editorial Rizzoli, Nueva York, varias ediciones) y “Cartas de Sotogrande” (Edinexus). Está en posesión de diversos premios de relato y novela, y actualmente ejerce la profesión desde su residencia en la costa gaditana.

Podréis encontrar a Joaquín aquí:

http://joaquinsantaella.blogspot.com.es/

http://cartasdesotogrande.blogspot.com.es/

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4 Comentarios

  1. Un fragmento muy ameno de leer!

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    ❤ Besos de http://www.withorwithoutshoes.com
    No te pierdas mi nuevo concurso y renueva tu armario sólo compartiendo tu look.
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  2. Muy interesante!!!

    Saludos desde León (España)!!!
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  3. Jessel ha dicho:

    La elegancia esta en la sencillez, más aún en lo escrito, me encanto !!!

  4. Teresa ha dicho:

    Interesante poder leer también estas colaboraciones tan diversas!
    Dan que pensar…

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