¿Quién decide qué es arte?

100.000 visitantes, más de 200 galerías de 30 países, varios millones de euros en ventas. Son las cifras de ARCO2018, la gran feria de arte contemporáneo española que acaba de cerrar sus puertas.  Pero, más allá de los números, siempre quedan abiertas estas cuestiones: ¿qué es arte, quién lo dice y por qué?

La formación que estoy desarrollando sobre Coaching Dialógico en el Instituto de Desarrollo Directivo Integral (IDDI) de la Universidad Francisco de Vitoria ha sido el acicate que me ha llevado a reflexionar sobre esta pregunta. Según esta disciplina, la realidad es la que es, objetiva en cuanto a su condición de materia. Sin embargo, esa realidad interpela a cada persona de distinta manera y es precisamente el marco de referencia personal de cada uno lo que hace que cada individuo perciba el mundo de un modo u otro.

En el caso del arte, puesto que el bagaje, la formación, la educación e incluso las vivencias personales nos condicionan a la hora de interpretar el mundo, ¿qué validez real tiene el veredicto que un experto pueda emitir sobre una obra o un artista?

A lo largo de la historia, en todas las épocas, ha habido personas que han sido claves a la hora de determinar qué era arte y qué no. Según Duchamp, «es el espectador quien hace la obra de arte». Y lo dijo después que su gran amigo el surrealista André Breton calificase La Fuente (1917) como una gran obra de arte conceptual. Aquello fue toda una polémica, porque se trataba de un urinario: ¿qué convertía un objeto de fontanería en una obra artística y lo distinguía de los cientos de miles de urinarios que se encontraban en los servicios públicos? Para quienes lo consideraron arte, lo importante no era que Duchamp lo hubiera fabricado o no: la clave era que lo había elegido como obra y había creado un pensamiento nuevo para el objeto. Toda una revolución para la época.

 

Duchamp y su controvertida obra “La Fuente” (1917)

Duchamp y su controvertida obra “La Fuente” (1917)

 

Uno de los nombres clave en la historia del arte contemporáneo es de mujer: Peggy Guggenheim, la gran mecenas del arte, descubrió a genios como Jackson Pollock (con quien supuestamente mantuvo un romance) y Max Ernst (con quien se casó). Y tampoco podemos olvidar a Bernard Berenson, otro gran experto en arte, que mantuvo una relación de tres décadas con un famoso marchante, Lord Duveen. Es lógico pensar que estas relaciones personales podrían haber influido en los expertos a la hora de valorar una obra de arte de los artistas con los que mantenían un nexo especial.

 

La mecenas del arte Peggy Guggenheim

La mecenas del arte Peggy Guggenheim

 

El experto en arte Bernard Berenson

El experto en arte Bernard Berenson

 

Por tanto, ¿cuál es la respuesta adecuada ante el valor de una obra?  La teoría el filósofo Dietrich von Hildebrand (1889-1977), que podéis leer más completa en la página web www.philosophica.info, nos puede ayudar a reflexionar sobre ello. Según el pensador, la acción y actitud moralmente buena consiste en responder adecuadamente a lo valioso moralmente relevante. ¿Qué es responder? Tomar postura ante un contenido, no quedar como espectador pasivo. ¿Y qué es adecuado? Pues esto dependerá, según Hildebrand, de la noción de valor. Quien responde al valor manifiesta una actitud de respeto a lo que reconoce como valioso y superior. Por debajo de esa respuesta queda la actitud de quien solo se interesa por un objeto en la medida en que le produce satisfacción, no por lo que el objeto es en sí mismo. La persona que hace esto no sale de sus propios intereses y solo tiene en cuenta el agrado que ese objeto le provoca. En cambio, quien responde al valor trasciende y se entrega al objeto. En el caso del arte, quien responde adecuadamente a una obra sale de sí mismo para dar valor a dicha obra.

 

¿Por qué hay personas con más poder para juzgar el arte?

Teniendo en cuenta todo esto, he intentado buscar respuesta a la pregunta de por qué hay personas con más poder a la hora de juzgar qué es arte. ¿Están estas personas entrenadas para dar una visión 100% objetiva del arte? ¿Cómo consiguen mantener a raya su ego? ¿Y qué manera hay de demostrar que efectivamente su criterio es objetivo y se fundamenta en valores como la honestidad?

Para ello he consultado a diferentes personalidades del sector del arte. La mayoría accedió amablemente a responderme; algunos comentaron que mi pregunta traslucía mi poco conocimiento en arte –lo que demuestra que no comprendieron el enfoque de la misma más allá de que mi formación artística, por supuesto, está a años luz de la que pueda tener una persona del establishment–; otros han preferido, sencillamente, no opinar.

La propia palabra «poder» es la clave para Emilio Xarrier, gerente general del Museo Malba: «El poder económico rige nuestras vidas: en todos los ámbitos sociales de la historia de la humanidad se han indo construyendo instituciones que tienen la potestad de adueñarse de ese ámbito», explica.

Carlos Urroz, director de ARCO, afirma que hay dos factores que influyen a la hora de determinar si hay personas con más poder para juzgar qué es y qué no es arte: «El primero es que la sensibilidad puede ser una cualidad innata que se manifiesta en determinadas personas; el segundo nos remite a la competencia de los expertos, que tienen un peso real en sus criterios de juicio porque han visto mucho, estudiado arte toda su vida o dedicado mucho tiempo a ver, leer y conocer sobre el tema», concluye Urroz. Una opinión similar encontramos en Anne Barthe, directora de la Galería Marlborough: «No creo que ciertas personas tengan realmente un mayor poder, ni tampoco llamaría a esa aptitud “poder”, sino una cierta sensibilidad y mucho trabajo detrás». Barthe, además, se hace una pregunta fundamental: «¿Qué es arte? El arte nos rodea en nuestro día a día, es una pregunta tantas veces expresada y tan pocas veces contestada… Una obra tiene que transmitir algo: reflexión, atracción, emoción, angustia, repulsión… ¡pero tiene que pasar algo!».

Blanca Pons Sorolla, bisnieta de Joaquín Sorolla y presidenta de la Fundación Sorolla, añade un matiz interesante: «Creo que hay personas que tienen mayor poder para juzgar qué es arte y qué no lo es, lo que no quiere decir que tengan mayor capacidad para hacerlo. La capacidad se tiene; el poder te lo otorgan. No siempre los más capaces son los que tienen el poder para decidir sobre algo».

Para el director del CAC Málaga, Fernando Francés, «indudablemente existen entendidos entre los que están ciertos coleccionistas con criterio y profesionales de muy distintos ámbitos que, en efecto, tienen una mirada especial, información, conocimiento y una capacidad visionaria para separar lo que es de lo que no es, y también para determinar el nivel de calidad. Eso no quiere decir que otras miradas sin aceptación por el establishment del arte no puedan tener sus opiniones, como un aficionado al fútbol opina sobre la alineación ideal de la selección, pero creo que nadie se fiaría, por muy aficionado que fuera, de su criterio, y mucho menos se la jugaría por su elección», explica.

El escritor de arte Ianko López va más allá e introduce el concepto de mercado: «Desde un punto de vista práctico, tenemos que admitir que es el mercado lo que decide qué es arte, o al menos arte que merece la pena ser tenido en consideración. Claro que el mercado, dijera lo que dijera Adam Smith, no es un ente autónomo y autogobernado, sino que depende de personas con cierto poder que toman las decisiones y logran imponer su criterio de manera interesada. Pero, por lo que a mí respecta, y en un escenario ideal, qué es arte y qué no lo es resulta de una decisión conjunta tomada por el artista y el espectador», concluye el periodista. Al mercado también apela Sabrina Amrani, galerista y presidenta de la Asociación de Galeristas: «El arte es lo que uno quiere ver y sentir, y en esto no es discriminatorio. Es importante poner esta cuestión en el marco del mercado del arte. Este último es un ecosistema del cual son partícipes los galeristas, los periodistas, los museos… son estos “agentes” los que van a validar y posicionar el trabajo de un artista en el mercado del arte. Más que de poder, hablaría de legitimidad, de profesionales que se dedican a ello», confirma Amrani.

La artista Paloma Hinojosa responde con tres anécdotas que hacen reflexionar sobre este poder del que venimos hablando: «Van Gogh no vendió apenas ninguna obra en vida y ahora sus cuadros son buscados y valorados y se pagan a millones de dólares. ¿Es que antes eran malos y ahora magníficos? Hace unos años, en Estocolmo, le encargaron al director del Museo de Arte Moderno organizar una exposición de arte vanguardista. Ayudado por uno de los ordenanzas, se inventó nombres, currículos de artistas imaginarios y él mismo realizó las obras. Cuando se inauguró la exposición, los supuestamente entendidos del arte de vanguardia alabaron las obras expuestas; incluso alguno llegó a decir que ya conocía la impecable trayectoria de estos imaginarios artistas. ¿Quiénes son los entendidos? —se pregunta Hinojosa—. Yo creo que una obra de arte debe transmitir emociones, sentimientos y a ser posible, belleza. Y eso lo puede percibir cualquier persona en su yo interno, es decir, en su alma».

Como explica la comisaria Cristina Carrillo de Albornoz, «el debate de si una obra de arte es buena o no, o incluso si es realmente arte y quién lo decide, es la gran cuestión. Desde que Duchamp dio la vuelta a un urinario y determinó con André Breton que aquello era considerado arte, todo puede ser arte. Mi pregunta es: si no hubiera estado flanqueado por Breton, ¿habría tenido Duchamp en consenso de todo el mundo?».

 

¿Por qué vale más el enfoque de unas personas que de otras?

Después de todas estas visiones sobre qué determina el «poder» de ciertas personas para juzgar el arte, me planteo por qué el enfoque de la realidad de estas personas es más válido que el de otras. Para Juan Pablo Rodríguez Frade, fundador de la empresa productora de exposiciones Frade Arquitectos, «la opinión derivada del gusto es absolutamente subjetiva; no hay duda de que la opinión más objetiva es la de aquellos que tienen mayor y mejor conocimiento. Para que una opinión sobre cualquier obra artística tenga un cierto fundamento y no caiga en la frivolidad debe basarse en una preparación precisa del contexto cultural, de su aportación a lo ya existente, a su visión innovadora, y a otros muchos valores que exigen del que hace una crítica una enorme preparación. Se puede opinar en base al gusto de cada cual, pero no todo el mundo puede opinar en base a la calidad de la obra, pues muchas veces a primera vista solo se percibe la caligrafía y no el contenido semivelado tras la primera apariencia. Muchas veces el arte demanda un gran esfuerzo para acercarse a él, y pocos profundizan en su esencia», explica este arquitecto especialista en desarrollar exposiciones de arte y que ha dirigido, entre otros muchos proyectos, la rehabilitación del Museo Arqueológico Nacional…

El conocimiento es la clave que da valor al enfoque de la realidad de determinadas personas, según Marcela de la Peña, responsable de comunicación de proyectos artísticos: «Creo que todo puede ser arte, pero los críticos son los indicados para distinguir entre arte de primer nivel y de segundo nivel. Estos críticos tienen un ojo especial que no viene de la espontaneidad, sino de conocer bien el mundo del arte actual, investigar trayectorias, tendencias y vanguardias, y por tanto su opinión tiene que ser respetada».

En la misma línea se expresa el galerista Pepe Cobo: «El arte es un lenguaje que tiene una gramática propia; la dedicación en descifrar todos estos signos aparentes de una manera científica es lo que dota a unas personas de un mayor conocimiento para poder juzgar objetivamente ante los demás. Al ser un medio lleno de vericuetos, conceptos y guiños, hay que tener la distancia y el temple para que los juicios no caigan en la banalidad de su apariencia estética solamente, sino en sus recovecos, porque lo bonito o lo feo, en este aspecto, aparentemente son igual de válidos», concluye.

El también galerista Álvaro Alcázar apunta que «a través de la experiencia y de asimilar información se van adquiriendo los filtros necesarios para la valoración de una obra de arte: cuantas más exposiciones veamos, cuantos más artistas conozcamos, más iremos entendiendo, apreciando y valorando el arte. Para juzgar hay que saber, hay que conocer y hay que tener criterio. Y, a pesar de todo eso, también te puedes equivocar».

Guillermo Solana, Director artístico del Museo Thyssen, comenta: «Desde luego creo que la capacidad de juzgar en arte varía enormemente, dependiendo de la cultura, de la experiencia y de la sensibilidad del que juzga. Y creo también que, aunque cada uno tiene derecho a su propio juicio, no vale lo mismo el de alguien que ha visto mucho y ha leído mucho que el de una persona sin formación».

Como explica Isabel de León, presidenta de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla y coleccionista, quienes tienen el poder de juzgar sobre el arte «se basan en la realidad que ellos ven y algunas veces es acertada y en otras ocasiones no se entiende. Pero sí quiero agregar –continúa— que hay artistas universales cuyas obras no se cuestionan, por la grandeza del artista en sus diferentes épocas, mientras que hay otros que parecen una tomadura de pelo».

Flavia Hohenlohe, presidenta de Sotheby’s España, acude al diccionario de la RAE para responder a la pregunta: «El diccionario define “arte” como “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”. Eso implica que, por un lado, todos podemos hacer arte y, por otro, todos somos susceptibles de que ese arte nos guste o no. En este sentido, la capacidad de juzgar de los especialistas va mucho más allá de una buena educación, cultura u ojo estético, pues entra directamente en el ámbito de lo profesional».

Todos los expertos coinciden en que cualquiera puede opinar sobre el arte, pero la clave que distingue a los que ostentan el «poder» de dar valor a unas obras y no a otras es la experiencia y el conocimiento. Como explica el artista Arturo Berned, «desde hace más de cien años se le exige al espectador un esfuerzo, o al menos la intención, de acercarse al arte de un modo diferente a como se venía haciendo y este “acercarse” es más intenso cuanto más conoces el lenguaje. Son las personas preparadas, con actitud y aptitudes, ya sean artistas, profesores, críticos, comisarios, directores de instituciones, galeristas, coleccionistas, amantes del arte…, las que tienen una opinión más valiosa, y casi siempre es la que menos se escucha», concluye Berned.

La objetividad de los auténticos expertos viene determinada por una «especial educación o cultura», en opinión de Pablo Melendo, Art Dealer: «les hace desarrollar una opinión o un criterio que se ve fundamentado por su experiencia personal y laboral, no solo valorada por su placer estético o privado. Dicho esto, tengo que señalar que el arte está para disfrute de todas las personas y que todo el mundo puede opinar sobre una obra para bien o para mal. Cuantas más personas se acerquen el arte, será mucho mejor para la sociedad», concluye.

 

¿En qué criterios se basan los expertos para juzgar el arte?

Puestos de acuerdo en que la relevancia o el poder de quienes toman decisiones en el mundo del arte vienen determinados por su experiencia, ¿en qué criterios se basan a la hora de juzgar? El artista Juan Garaizábal afirma que «para valorar una obra de arte hay dos tipos de medidores. El primero es la capacidad de esa obra de emocionar. La sensibilidad es una característica repartida de forma arbitraria entre la población. Eso hace que cualquier opinión al respecto sume o reste, ya que cada persona da su veredicto según su propia escala. Una obra debe intentar llegar a emocionar al mayor número de niveles de miradas críticas posible. El segundo medidor es la puesta en contexto: poder valorar qué aportación hace la obra a la cadena de la historia del arte. Para ello hay que manejar información. Las personas que incorporan ambas visiones (emocional y contextualizadora), en la mayor medida posible, emiten valoraciones con más peso».

Garaizábal distingue entre los criterios de los artistas y de los expertos: «Creo que los artistas solo entramos a contextualizar aquello que nos emociona, y aunque no tenemos tanta información como los críticos y comisarios, con el tiempo tenemos la necesaria para juzgar el peso de un trabajo. En cuanto a los críticos y comisarios, me fío de sus valoraciones, pero menos que de las de los artistas, ya que muchas veces sobrevaloran los datos, incluso el mercado, elevando cosas que no conmueven. Digamos que la desviación de un artista son sus fobias personales y su ego, y la de un crítico, sustituir completamente el sentimiento con datos e intereses, muchos de ellos accidentales. Eso sí, existe la obra incontestable. Sucede que hay trabajos que tiran abajo todas las desviaciones por desbordamiento. Ese es el verdadero objetivo».

Jesús Andreu, director de la Fundación Carolina y patrono de la Fundación NMAC de Arte Contemporáneo, es claro a la hora de determinar los criterios que rigen la valoración de los expertos: «La originalidad, el discurso subyacente, la novedad y la potencia de la idea son determinantes. A veces también la pericia técnica. Solo a veces. El arte ya no es una mera cuestión estética», afirma.

Para el coleccionista Mario Losantos, «el arte en su estado puro es emoción y sentimiento. Cuando una obra hace que el corazón se acelere es como el amor a primera vista y ese es el criterio que sigo para elegir una obra. Creo en la intuición (que es el conocimiento desde el alma) y cuando es pura no falla. El problema es cuando nos enredamos con el ego. No es mi objetivo enriquecerme con el mundo del arte, sino que el arte enriquezca mi vida», asegura.

Casilda Ybarra, directora de proyectos de la Galería Colnaghi, apunta distintos perfiles con criterios diferentes: «Hay gurús del arte que de forma innata adquieren una especial sensibilidad y juzgan en base a una intuición. Luego están los que se han formado y profesionalizado, que juzgan en base a su conocimiento. También encontramos expertos de perfil comercial, que tienen sus claves en la psicología y el carácter de convencimiento. Por último encontramos influencers o blogueros que, por dominio de un público a través de las redes, convierten en tendencias sus gustos aunque carezcan de criterio; estos últimos juzgan en base a un capricho personal». Casilda también pone sobre la mesa la capacidad colectiva de juzgar, determinada por tres factores: «El fenómeno de las redes sociales, con capacidad de crear tendencias; la prensa, un influencer dominante que condiciona a sus admiradores; y la publicidad, que dirige el comportamiento de la masa».

Para Emilio Xarrier, gerente general del Museo Malba, «los criterios para la elección de una obra son muy amplios: pueden venir dados por el mercado del arte, una validación económica basada en la trayectoria del artista (exposiciones realizadas en instituciones destacadas, premios, museos o colecciones que contienen su obra…). Pero también puede suceder que para un ser humano no relacionado con el mundo del arte ese criterio consista en la pureza de responder al gusto personal».

Guillermo Solana, Director artístico del Museo Thyssen, comenta que «en el juicio estético no se aplican criterios explícitos; no es una evaluación con un baremo… Es algo intuitivo, que no se puede justificar racionalmente».

Para los expertos, formación y sensibilidad son los dos ejes sobre los que gravita una buena crítica sobre el arte. Y de todas estas valiosísimas opiniones podemos extraer una lección común: sea como fuere la obra e incluso la emoción que nos genera, el arte siempre nos hace trascender y, por tanto, alimentar nuestra alma.

¿Quién decide qué es arte?

Algunas de las obras vistas en Arco 2018 de los siguientes artistas: A Kassen, Ángela Bulloch, Fabrizio Corneli, Kim Simonsson, Juan Genovés, Yago Hortal, Tomás Saraceno,   Polesello, Rafa Macarrón, Umberto Manzo, Juan Garaizábal, Paternosto e Irene Buarque. 

Para más información:

http://www.ifema.es/arcomadrid_01/

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11 Comentarios

  1. Trendy two ha dicho:

    Realmente creo que hay personas más entendidas que otras, pero nadie más valido que otra persona para juzgar el arte. El arte es muy subjetivo y lo que a unos gusta, a otros no.

    Hoy en nuestro BLOG ● nuevo LOOK con PANTALÓN DE CHANDAL ●

    ❤️TrendyTwo

  2. Juan ha dicho:

    Muy bueno Maria… en estos tiempos de vida agil y mensajes cortos esta reflexion es muy interesante…

  3. Muy buen articulo. Te felicito María!

  4. Impresionante, enhorabuena!!!

    Saludos desde León (España)!!!
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  5. wdeditor ha dicho:

    El director de ARCO, Carlos Urroz, ha afirmado que toda esta “judicialización que se ha creado en torno a “Presos Políticos, obra de Santiago Serra que fue retirada de la Feria el primer día, “lo único que hace es dar más visibilidad y más publicidad a los artistas y creadores, pues la retirada crea un efecto contrario al que se pretende. “ARCO es siempre la libertad de expresión de los artistas, ha asegurado en declaraciones a Europa Press. Según Urroz, la decisión de la galerista de retirar la pieza -compuesta por 24 retratos de personas encarceladas como Oriol Junqueras y los Jordis, ha sido “desacertada. “Esto nos tiene que servir para aprender, que en ARCO todos los galeristas tienen libertad de expresión, de presentar la obra que quieran, siempre dentro de la calidad del comité organizador, ha señalado.

  6. Marcela ha dicho:

    Que interesante Maria, las preguntas perfectas a la gente correcta. Gracias por pensar en mi.

  7. Gracias desde Cali , Colombia.online

  8. Ángel Sánchez-Palencia ha dicho:

    ¡Muy interesante planteamiento! ¡Enhorabuena!, Ángel

  9. Deberías escribir más seguido MAría! GRACIASSS

  10. Yo la verdad es que nunca le he visto mucho sentido al arte moderno y los precios que alcanzan las obras de ciertos artistas por el simple hecho de ser suyas… supongo que no estaré en su onda jajaja. De todas formas siempre he sido mas del hiperrealismo ^^

  11. El arte es una forma de expresar nuestros sentimientos, estados de ánimos.., en definitiva, nuestra creatividad.

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