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La locura de los mercadillos
Son las 8 de la mañana, suena el despertador y doy un salto energético para salir de la cama. Me ducho, elijo mi look (vaqueros setenteros con camiseta blanca y plataformas de madera), me pongo un poco de colorete y salgo a la calle sin ni siquiera desayunar. ¿Pero donde voy con estas prisas? Me pregunto a mí misma…
Pues refresco mi memoria y me doy cuenta que he quedado con una amiga estilista para ir a cotillear el mercadillo más esperado de una de las marcas de moda de más prestigio. Se organiza sólo dos veces al año y siempre despierta pasiones, al igual que otros muchos que se organizan después de cada temporada.
Para ser sincera con vosotros, no voy con intención de comprar nada porque a mi armario ya lo tengo bien cuidado, yo diría que hasta demasiado, pero me apetece vivir el ambiente de locura que se produce en esas ocasiones especiales. Véase H&M cada vez que saca a la luz una línea realizada por un diseñador de prestigio.
Aunque la venta especial abre sus puertas a las 10 de la mañana, mi amiga y yo llegamos una hora antes y ya hay gente esperando. Nos sentamos en la escalera y empezamos a charlar sobre nuestras cosas ¡¡Qué divertido!! Me lo estoy pasando bomba y el tiempo de espera están pasando rápido mientras no dejan de aparecer señoras de edad avanzada con un pintón impresionante a las que no les pega nada madrugar habitualmente. Pero aquí están, vestidas impecables y haciendo cola como todo hijo de vecino.
Llega la esperada hora, se abren las puertas y ¡Boom! que avalancha Dios mío. Me quedo paralizada en medio de esa espectacular vorágine como un sandwich de jamón y queso que está apunto de ser aplastado por la sandwichera. No me da tiempo a pensar ni a reaccionar. Cual es mi sorpresa cuando veo que las damas más “Comme il faut” (o lo que es lo mismo convencionales) que he fichado en la interminable fila, están desatadas. En tan sólo 5 minutos, ya han llenado su bolsa de la compra con gran cantidad de cosas de la firma. Es imposible que les haya dado tiempo de pensar, ni siquiera, para que ocasión usarlas. Además, hay que tener en cuenta que tampoco es que el precio sea una ganga aunque, eso sí, el descuento es de al menos uno 50% del precio original.
Sigo parada y empiezo a darle vueltas a la cabeza sobre si esa manada de personas en estado de ansiedad total, se ha producido por la necesidad de tener artículos de ropa y complementos de una marca de lujo para ellas mismas o para regalar a otros, o es sencillamente por las ganas de completar el armario con piezas de grandísima calidad.
Cualquiera que sea la causa de este espectáculo puramente teatral, lo que es obvio es que las locas por la moda existen.
Raquel
3 junio, 2011María me gusta mucho tu blog, hoy al ver la imagen recorde´donde la había visto, en mintmelon!!!
( http://www.mintmelon.com ) vaya casualidad, no? Ya que es donde yo me vuelvo tan loca como describes